jueves 30 de junio de 2011

Lo nuestro se acabó

La carta de Santiago es una de las que contiene una de las expresiones más fuertes del Nuevo Testamento. Tal vez la más fuerte está en el capítulo 4 verso cuatro en el que acusa a los cristianos de ser "adúlteros". Aunque no creo estrictamente necesario definir la palabra, si creo que para el propósito de este escrito debo hacerlo. El ser adúltero es ser infiel a un compromiso voluntariamente adquirido. El compromiso al que me refiero es a un compromiso de pareja, a un pacto entre dos personas.

Según el contexto de este verso 4, Santiago está exhortando a los cristianos a estar siendo "amiguitos" de todo aquello que desagrada a Dios, el mundo. Juan también, en su primera carta, nos enseña que todo lo que viene del mundo es contrario a Dios, y ahora Santiago reprende a los cristianos a no ser amigos de este mundo.

Para Santiago, cuando los cristianos somos amigos (phileos, palabra en el original griego) del mundo somos, infieles a nuestra relación con Dios. En otras palabras, cuando los cristianos mantenemos amistad con el mundo, su filosofía e intereses, estamos siendo infieles a Dios y el mundo es nuestro amante.


Podemos ser caraduras. Le somos infieles a Dios y esperamos llegar a casa a darle un beso y un abrazo como si nada estuviera pasando. ¿Qué pasaría si Dios un día nos recibiera con la noticia de que ya no se aguanta esta situación y nos dijera, "Lo nuestro se acabó"? Por que si de algo debemos estar seguros es que Él es un Dios santo, justo y perfecto y por lo tanto no se puede jugar con su corazón.

¿Tanto menospreciamos nuestra relación con Dios que estamos dispuestos a serle infieles una y otra vez? ¿Estamos tan ensímismados que creemos que podemos burlarnos de Él sin consecuencias? Bajémonos de la nube y entendamos de una vez por toda que su gracia no es de caucho para yo hacer lo que quiera.

Si Ud. es como yo, le ha sido infiel y ambos deberíamos estar de rodillas en este momento pidiéndole perdón. El pasaje de Santiago no termina con esta fuerte y certera acusación, por misericordia de Dios, continúa. Unas palabras más adelante el texto dice, "pero Dios da mayor gracia". Indicándonos que la oportunidad para el perdón sigue abierta. Si reconocemos con humildad nuestra infidelidad a Él y nos arrepentimos recibiremos perdón y podremos, de nuevo, restaurar nuestra relación con Él. Pero si por el contrario, continuamos en nuestra soberbia, seremos resistidos por Él. Pues Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.

Así qué, el llamado es a todos los adúlteros espirituales como yo, y pidamos perdón, arrepintámonos y vayamos a sus brazos pues si nos acercamos a Él, Él se acercará a nosotros y podremos seguir viviendo nuestro idilio de amor.

Volver

Es hora de volver! Que triste que haya sido al ver un blog en el que no se busca la gloria divina sino la humana, pero es que a veces Dios usa esta clase de cosas para hacerme ver como los que no le conocen hacen cosas que deberían estar haciendo los que sí le conocen. Oh bueno, en este caso particular, yo.
Es hora de volver a escribir, de volver a expresar con palabras escritas lo que Dios está poniendo en el corazón. Creo que mi Señor usa este sistema para obligarme a controvertir con mi corazón y reconocer mis constantes fallas y buscar en su palabra la transformación espiritual que Él quiere causar en mí.
Es hora de volver a enfrentarme a este espacio en blanco y dejar que Dios hable al corazón, así nadie lea lo que escribo. Espero estar a la altura del reto. Para mí es alto en nivel, aunque para nadie más lo sea. Estoy listo para el reto pues es hora de volver.

domingo 16 de noviembre de 2008

Solo para ungidos

Hay un cuentillo por ahí que me parece muy gracioso pero tan diciente. Se que ya lo habrán escuchado antes, es más no se si el autor ande por ahí reclamando derechos de autor pero me voy a arriesgar a contarlo. Un rey mandó a confeccionar el mejor traje real que su dinero pudiera contar y un niño muy astuto llegó ante "su majestad" con las manos vacías pero reclamando haber confeccionado un traje de una tela que solo las personas sabias y entendidas podían ver. En realidad no tenía nada en sus manos pero el rey rápidamente reconoció ver el hermoso traje y empezó a alabar la costura tan fina de la confección pues quería que se notara cuan entendido e inteligente era.
El niño se lo vendió al rey e inmediatamente se preparó un desfile real por toda la comarca para mostrarle al pueblo su nuevo atuendo. Se le avisó al pueblo que este vestido solo podía ser visto por los sabios, inteligentes y entendidos, así que el monarca salió en su carruaje real sin nada de ropa sobre él, solo los paños menores le cubrían sus partes más vergonzosas. Las personas del pueblo admiraban el diseño del rey y lo alababan. Ninguno quería quedar frente a los demás como un tonto de lento pensar.
Lo mismo vemos hoy en muchas de nuestras amadas y estimadas iglesias cristianas. Un hombre en algún momento se creyó el cuento de que él era el ungido y proclamó que solo las personas con verdadera unción entenderían su "visión" y sumen al pueblo de Dios en el más miserable estado de manipulación donde nadie se atreve a cuestionar si lo que el supuesto "pastor" dice es verdad de Dios o no por miedo a ser tildado de falto de unción o entendimiento espiritual. Pero realmente estos mal llamados "pastores,apóstoles" o como se llamen realmente desfilan en paños menores espirituales exponiendo sus verguenzas ante un público cegado y manipulado que no quiere abrir sus ojos.
Ojala podamos más y más cristianos volver a poner nuestros ojos sobre la Biblia y seguir la única y verdadera revelación y visión, la de Jesús, que quedó tan bien plasmada hace ya casi 2000 años atrás. Ahh, y resta decirles que este escrito solo puede ser entendido por sabios y grandes entendidos.

viernes 17 de octubre de 2008

¡Uy Que obra!


Servir a Dios se asemeja mucho a construir un gran edifico o una obra arquitectónica importante. Y antes de que algunos se den a la tarea de hacer conjeturas acerca de la analogía, quisiera permitirme elaborar en el tema.
Cada vez que uno ve una gran obra estructural de riqueza arquitectónica se admira en el ingenio del ser humano para levantar tales cosas. Pero la pregunta que le sobreviene a todos es, ¿Quien es el arquitecto que hizo tremenda obra? o ¿Quien hizo esto? La respuesta por lo general se centra en un hombre o en el nombre de una gran compañía. No recuerdo la primera vez que alguien respondiera a estas preguntas con una gran lista de nombres en la que estén incluídos los obreros, los porteros de la obra, los maestros de obra, los carretilleros de cemento, los que descargaron los bloques y fundieron la plancha. Ellos no se llevan la gloria, se la lleva el que la diseñó y la dirigió.
Ojo, no estoy luchando por el derecho de los trabajadores y obreros por reconocimiento, recuerden esto es una metáfora y no un tratado socialista. A lo que quiero llegar es a, que en muchos casos, la iglesia cristiana moderna, o mejor dicho, los que se hacen llamar líderes de esta iglesia cristiana moderna no han entendido que la obra del ministerio y la iglesia ha sido diseñada por Dios. Él es el gran arquitecto, el gran diseñador, el gran director de obra. Si alguien se pregunta, ¿Quién ha levantado esta iglesia tan linda? ¿Cómo puedes tener una vida tan linda? Ojala que nuestra respuesta se refiera inmediatamente al arquitecto que dirige la obra, al diseñador que está a cargo. ¿Nosotros? Somos carretilleros de cemento, obreros razos de nuestra vida, cargadores de ladrillos de la iglesia. Trabajamos para que todos puedan darle gloria a Dios. Para que todos se alegren y admiren de cuan buen arquitecto es Él. Así que no caigamos en la trampa la próxima vez que escuche la frase, "¡Uy que obra!" Mateo 5.16

jueves 2 de octubre de 2008

A bajar la colina

Jesús seguramente les maracaba el ritmo de subida. Firme pero paciente, sin dejarlos atrás pero tampoco disminuyendo la frecuencia de cada andar. Pedro con seriedad iba tras de su maestro, tratando al máximo de seguirle el paso. Juan y Jacobo iban un poco más atrás, tal vez hablando típicamente, como un par de hermanos judíos que están aprendiendo del más grande de todos los maestros. Al llegar a la cima, los tres discípulos se preguntaban con ansiedad y expectativa porque Jesús querría que le acompañaran cuando derepente, la visión más increíble que hayan tenido en toda su vida, y es que si no la estuvieran viendo los tres habrían pensado que estaban locos. Moisés y Elías frente a ellos y ohh, Jesús, brilla más que el sol de mediodía. Nadie podría creerles, ¡Que momento! Que bueno habría sido tener un celular con cámara, como los de ahora. Los tres futuros apóstoles estaban extasiados y Pedro tuvo una gran idea, "Maestro, quedémonos a vivir aquí". Pedro no pensó en los que abajo les esperaban, en su suegra que podría estar enferma de nuevo, en todos los gentiles que necesitaban conocer del mensaje de Cristo, en el endemoniado que bajando la colina les esperaba para ser liberado. Pedro quería estar con Jesús glorificado, no quería nunca alejarse de tal gloria pero Jesús tenía otra idea.

Este momento de exposición privada de gloria llenaba a los discípulos de asombro pero también de fe. Pero esa fe era para ser puesta en práctica allá abajo. Donde todo se ve triste y problemático. Allá donde no hay visiones de profetas pasados, sino angustias presentes, donde no se escucha audiblemente la voz de la gloria eterna sino la voz del dolor y el pecado humano.
Pero es que es precisamente para eso la fe de la cima de la colina, no para auto complacernos en descanso ni para cómodamente adaptarnos. Es precisamente para tomar fuerzas en el trabajo del servicio práctico y en la incomodidad de la necesidad humana.

¿Nos hemos encontrado con Dios? ¿La gracia de Jesús nos ha impactado? Bueno, esto no es para quedarnos sentados, aunque ciertamente nos gustaría. Conocer a Jesús no solamente es lo más grandioso que le pueda suceder a un ser humano sino también lo más retante y animante. Conocer a Jesús no debe ser una razón de comodidad en su gloria sino una razón de ánimo para ponerse manos a la obra. Allá abajo nos esperan los que sufren, los que necesitan de Jesús, los que anhelan libertad. Así como le seguimos arriba en la colina, bajemos junto a él.