viernes 17 de octubre de 2008

¡Uy Que obra!


Servir a Dios se asemeja mucho a construir un gran edifico o una obra arquitectónica importante. Y antes de que algunos se den a la tarea de hacer conjeturas acerca de la analogía, quisiera permitirme elaborar en el tema.
Cada vez que uno ve una gran obra estructural de riqueza arquitectónica se admira en el ingenio del ser humano para levantar tales cosas. Pero la pregunta que le sobreviene a todos es, ¿Quien es el arquitecto que hizo tremenda obra? o ¿Quien hizo esto? La respuesta por lo general se centra en un hombre o en el nombre de una gran compañía. No recuerdo la primera vez que alguien respondiera a estas preguntas con una gran lista de nombres en la que estén incluídos los obreros, los porteros de la obra, los maestros de obra, los carretilleros de cemento, los que descargaron los bloques y fundieron la plancha. Ellos no se llevan la gloria, se la lleva el que la diseñó y la dirigió.
Ojo, no estoy luchando por el derecho de los trabajadores y obreros por reconocimiento, recuerden esto es una metáfora y no un tratado socialista. A lo que quiero llegar es a, que en muchos casos, la iglesia cristiana moderna, o mejor dicho, los que se hacen llamar líderes de esta iglesia cristiana moderna no han entendido que la obra del ministerio y la iglesia ha sido diseñada por Dios. Él es el gran arquitecto, el gran diseñador, el gran director de obra. Si alguien se pregunta, ¿Quién ha levantado esta iglesia tan linda? ¿Cómo puedes tener una vida tan linda? Ojala que nuestra respuesta se refiera inmediatamente al arquitecto que dirige la obra, al diseñador que está a cargo. ¿Nosotros? Somos carretilleros de cemento, obreros razos de nuestra vida, cargadores de ladrillos de la iglesia. Trabajamos para que todos puedan darle gloria a Dios. Para que todos se alegren y admiren de cuan buen arquitecto es Él. Así que no caigamos en la trampa la próxima vez que escuche la frase, "¡Uy que obra!" Mateo 5.16

1 comentarios:

Axel Barrientos dijo...

Saludos estimado Capitán. Por akí pasando y poniéndome al día.
Bien dice el profeta: "engañoso es el corazón, más que todas las cosas y perverso..." El otro día comentaba con alguien ke cuando el Señor en Su infinita misericordia nos permite servirle en un lugar donde somos "vistos" de todos, nuestro corazón no puede resistir la tentación de desear ser alabado, reconocido, premiado. Y eske el orgullo es tan sutil ke nos dejamos enredar tan fácilmente. Es por eso ke cuando alguien viene a decirnos lo "bien" ke predicamos, o lo bien ke tocamos los instrumentos, o lo mucho ke le hemos bendecido, ¡¡¡Ojo!!! Nuestra alerta debe estar encendida para ahogar por completo todo rastro de orgullo ke kiera enraizarse, pues como tú bien lo has dicho, "Él es el Gran Arquitecto". Nosotros somos únicamente su creación. A Él debemos la vida, a Él debemos la Salvación y debemos darle toda la honra y adoración.

Un abrazo.